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Enfoque Político

 

La coyuntura política argentina hace indispensable y urgente establecer las bases legítimas del funcionamiento y la identidad de Unión Por Todos dentro del marco de la democracia constitucional. Ante todo, debemos preguntarnos cómo ejercer el poder, dentro del marco de las instituciones democráticas.

Las instituciones son las estructuras elementales de la sociedad que codifican sus costumbres. En nuestra sociedad ha predominado la astucia del caudillo, frente al cual la gente en lugar de buscar protegerse de sus estratagemas de dominio, queda cautiva de ellas. Así, la  Sociedad Civil se estructura sobre pautas de sometimiento y no sobre pautas de derecho. 

Este es el origen social de un sistema de partidos que se transforma en un sistema de prerrogativas y prebendas corporativas.

La primera tarea es la necesidad de trabajar para restablecer la legítima representatividad del poder delegado en los partidos, en cuanto instituciones a través de las cuales la Sociedad Civil hace valer sus aspiraciones. La crisis que nos ha llevado a la situación extrema de disociación social y anomia, que la inseguridad jurídica y social evidencian, demuestra que el poder arbitrario de la lucha partidaria y sus internas determinó íntegramente la gestión de gobierno e invirtió la naturaleza del poder sustituyendo el poder legítimo que emana de la sociedad civil por el poder del aparato que emana de su control y hegemonía.

El resultado está a la vista y se verifica en la disolución del rol de las instituciones democráticas (poder ejecutivo, judicial y legislativo), que sustituyeron su función y se conformaron como corporaciones disociadas de la sociedad a la que pretenderían representar. 

Esto define una estrategia política que cumpla con la doble función de ser control democrático de la gestión de gobierno y propuesta alternativa en cada caso. Es necesario institucionalizar la gestión de gobierno para que pueda cumplir con autoridad las políticas de Estado. 

El ejercicio de las instituciones comienza por la recuperación del Estado para la Nación, en lugar de la subordinación de la Nación al poder político que ejerce la función de Estado. Uno de los factores de fondo que han interferido en el proceso de la afirmación histórica de nuestra identidad nacional ha sido la identificación de la Nación con el partido dominante, no sólo en detrimento de la legítima democracia, sino por la marginación y discriminación de toda la sociedad civil ajena al partido. 

Los partidos políticos tienen la misión de representar a la  Sociedad Civil sobre la base de los principios que postulan como los fundamentos de su acción política. Por lo cual los partidos son una institución al servicio de la democracia social, no de un determinado líder o aparato de  poder.

Un partido político, así lo entiende Unión Por Todos, en lugar de representar a sus propios intereses de poder, como ocurre en todas las corporaciones políticas, representa ideas que fundan políticas de Estado al servicio de la sociedad,  acordes con los ideales de una Nación, expresados en la declaración básica de su pacto social: su Constitución. Esta es la estructura propia de las modernas democracias constitucionales. 

Sin esta doble representatividad, de las ideas como propuestas de políticas de Estado, y de la Sociedad Civil, el poder gira sobre sí mismo y se transforma en el agujero negro que atrae mortalmente sobre sí a todos los valores que, puestos a su servicio, son tergiversados. Esto mismo demuestra que la verdadera función social de las ideas no consiste en proponer mitos colectivos para incrementar el poder, que traicionan los intereses del bien social. Todas las grandes dictaduras genocidas tienen en común el poder seductor de los delirios colectivos.

Sólo la representatividad legitimada por los principios, la ley, los valores y las ideas junto con una práctica consecuente con ellos, da lugar a una vida social y política democrática. Esa también es la condición de que la sociedad tenga una verdadera participación en el poder de decisión colectivo y haga posible la convivencia.

La ética del poder consiste en su limitación por medio de las instituciones que ponen al Poder Ejecutivo bajo el control del Poder Judicial y Legislativo, que deben controlar la gestión de gobierno para que sea verdaderamente representativo de los ciudadanos y no de los intereses del poder dominante. 

El aparato político de poder ha comprometido en su beneficio todos los valores sociales y en sus luchas internas ha transformado a la indigencia y el desempleo en una sindicalización de la pobreza que sirve de base al clientelismo político.

El clientelismo es la manera en que el aparato se garantiza su continuidad en el poder. La lucha contra el clientelismo es la lucha por la construcción de ciudadanía, del capital social, requisito indispensable para una sociedad libre. Para Unión Por Todos ésta es una batalla estratégica, porque es recuperar la libertad del voto. 

Todo el sistema de valores que sostiene la trama de la sociedad civil cae y en su lugar se impone la negación de todos los valores bajo la fórmula del antivalor: el todo vale como recurso del poder.

Proliferan así en todos los estamentos institucionales diferentes formas del delito y un Estado que deslegitima a la ley como recurso ordenador de las conductas sociales. 

Fuerzas de seguridad implicadas en el delito, pactos con sectores políticos a cambio de espacios de poder, pactos con sectores sindicales a cambio de la administración de recursos, pactos con gobernadores e intendentes a cambio del uso discrecional de recursos del Estado, pactos con  piqueteros “buenos” a cambio del manejo de planes sociales, pacto con corporaciones económicas. 

Unión Por Todos considera que se deben realizar los auténticos acuerdos sobre la base de intereses legítimos éticos, y no como la suma de concesiones a los poderes responsables de la realidad del país.

La Nación está presa de un sistema político organizado para que el aparato peronista sea el único que pueda sostenerse en el poder. El partido de gobierno genera la crisis y luego se separa de ella y quiere aparecer cruzando de vereda con su solución. Cambia la cabeza para sostener el mismo cuerpo de poder. Los mismos clanes provinciales, el mismo poder sindical, el mismo aparato político se esconde tras la máscara ideológica que trae la ola. 

Los mismos actores de reparto queman cada tanto al actor protagónico para seguir en la obra. Así al quemar a un solo hombre en la hoguera mantienen la perseverancia del funcionamiento de un partido y de una lógica de poder. Esto no se encamina a corregir un sistema político, sino a eternizarlo. 

Por ese motivo es que en esta Argentina nada tiene solución, porque lo que importa no es resolver los problemas, sino transformarlos en recursos para una campaña de poder que no acaba nunca y se continúa entre el clientelismo y los espectáculos mediáticos.

Por eso el mismo partido que legitimó las graves falencias de los organismos internacionales luego los demoniza. Todo se reduce entonces a gesticulaciones y desafíos de asamblea exasperada, mientras del otro lado se hacen concesiones que la debilidad de esa misma postura propicia con el silencio del encubrimiento. Como el tero que pone los huevos aquí y pega el grito allá. Se necesita inteligencia, eficiencia y rigor, que son lo más opuesto a los montajes circenses a los que son afectos todos los caudillos nacionales y extranjeros.

La crisis de la Argentina es ante todo, la de su cultura social y política. por lo mismo consideramos que es sólo desde esta perspectiva de fondo que Unión Por Todos debe hacer las propuestas que resultan de su proyecto político renovador, que representa las necesidades más urgentes y perentorias de una sociedad a la que se está privando de su propio ideal de Nación.

 

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